22 ago 2010

Quizás debería hacerme la mujer cool y postmoderna y gritas a los cuatro vientos que DETESTO A LOS CHIQUITOS, que no me enternecen, que me sacan de quicio. Podría, por supuesto, enumerar actitudes puntuales de tal o cual crío que me exasperan.

Hasta que un día viene un demonio mal llevado de 9 años y, en medio de una multitud, se me planta delante y me dice torturame todo para que lo apretuje y lo besuquee en su mejilla y me puede. Otro aparece un bodoquito mimoso de 4 pirulos con su silla diminuta y un libro de animales, se sienta al lado mío al son de un ¿me lees? y se me olvida el mundo. Después me encuentro con una cosita de unos 2 años a punto de caerse de la falda materna de tanto estirarme los brazos para que le haga upa. Y ni hablar de cuando se me para ese huracán de 5 años que es mi todo y me dice, ¿ME PERDONAS? riendose porque sabe que se equivocó y lo arregla con un abrazo o beso grande en mi mejilla, y que me vive dando las gracias por sacarla todo el tiempo a pasear, que se va a acostar conmigo porque sabe que si no duerme después no tiene permiso para nada. No nos olvidemos del bebote de 3 meses, que tiene unos cachetotes bien apretujables y te compra con cualquier gestito que haga. Pensar que está viniendo un regalón en camino. Sí, voy a ser tía nuevamente y va a ser mi ahijadito/a.


Podría hacerme la superada pero la verdad es que me derriten,
me derriten los chiquitos.
22 - AGOSTO - 2010

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